Opinión

 jueves 06 de agosto de 2015

 

Entre menos corrupto sea el candidato, hay más garantía de honestidad del elegido

Foto: Internet.

Por Pascual Ibagué

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Durante la segunda Guerra Mundial, un subalterno del primer Ministro Británico, Winston Churchill, le avisó que los aliados de Alemania (los enemigos) le estaban ofreciendo una cantidad importante de dinero porque les revelara secretos militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, hoy conocida como Otan, a la que pertenece, desde entonces, Inglaterra.

Con el paso de los días la situación se volvió repetitiva y cada vez el funcionario implicado en el posible soborno, le informaba a Churchill, que el ofrecimiento ya bordeaba una cifra astronómica de libras esterlinas, ante lo cual el Premier Inglés le pidió que renunciara.

El sorprendido subalterno, le dijo que como era posible que le pidiera la dimisión, si él había sido fiel y le estaba informando permanentemente de lo que sucedía. Ante el reclamo, Churchill, pronunció la célebre frase, que se convirtió en una premisa universal. “Renuncie porque ya le están llegando a su precio”.

Lo que parece una simple historia, en el caso colombiano ha tomado visos de tragedia. Para nadie es un secreto que el fenómeno de la corrupción en el país, es una práctica social, consentida y generalizada en todos los sectores de la vida pública y privada, porque “cada quien tiene su precio”, como desafortunadamente lo advirtiera Churchill.

Lo que pasó hacia 1945, se repite hoy con más asiduidad en la actividad oficial nacional. De los recursos del Estado se sustraen, hasta por las buenas, con el consabido como voy yo ahí, entre el 20, 30 y más porcentaje de la contratación pública, sin que nadie se extrañe, 'porque es lo de ley'.

En la Nación, departamentos y municipios, los ordenadores del gasto y nominadores, con excepcionales casos, tratan de recuperar los cuantiosos recursos que ‘invirtieron’ en ostentosas campañas políticas y quedarse con algo más, al término de sus mandatos, como si nada.

En un contubernio, en el cual no se sabe cuál es más corrupto si el elector o el elegido, porque todo el mundo tiene su precio, transcurren gobiernos y gobiernos, sin que se den las soluciones que los pueblos están esperando por años.

Por eso, ahora que se avecinan, nuevas elecciones, la sociedad boyacense y colombiana debe darle una maquinazo, un cambio a esta situación, que es más grave que el enfrentamiento armado y tener presente, que entre menos corrupto sea el candidato, hay más garantía de que el elegido sea honesto, porque tiene menos que recuperar de la campaña.

Como en la conocida promoción publicitaria del gran Alberto Acosta, hay que estar ojos abiertos y oídos despiertos, para escoger entre los miles de candidatos, a los hayan demostrado compromiso ciudadano y los que tienen una vida pública intachable, porque los hay, para que con su dignidad a toda prueba, ayuden a sacar estos territorios de la pobreza y miseria en que están sumidos, a pesar de los cientos y miles de millones que ha destinado el Estado, desde que se implementó la elección popular de autoridades regionales y locales y que por las razones expuestas si se sabe donde están.

Fuente: BOYACARADIO.COM

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Entre menos corrupto sea el candidato, hay más garantía de honestidad del elegido