Opinión

 jueves 07 de mayo de 2015

 

El negocio de las precandidaturas

Foto: Pascual Ibagué

Por Pascual Ibagué

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En el sistema político colombiano, las precandidaturas se institucionalizaron para que los partidos, movimientos y grupos de ciudadanos, puedan hacer uso de su derecho a elegir y ser elegidos.

La opción que es considerada una una base fundamental para el fortalecimiento democrático, en su concepción tiene enorme valor porque derriba las barreras de la censura, del arrodillamiento y de las imposiciones mezquinas de dirigencias anquilosadas, que quieren determinar quienes pueden o no ser candidatos a cargos de elección popular, a su arbitrio.

Sin embargo, desde hace un tiempo, esta figura electoral ha venido derivando en un jugoso negocio. Personas, que en la mayoría de las veces, no tienen respaldo ni siquiera al interior de sus propias familias, se inventan precandidaturas premeditadas que no tienen otro fin que obtener dividendos burocráticos o económicos.

Conscientes que no tienen el suficiente apoyo popular, inician con bombos y platillos folclóricas campañas proselitistas y al poco tiempo comienzan a negociar para desistir de su aspiración a cambio de que los o las nombren en cargos públicos, les den contratos o les aseguren recursos para financiar proyectos de todo tipo, que al final terminan convirtiéndose en jugosas patrañas.

Haciendo valer una imagen estereotipada logran no solamente su cometido personal sino que bajo esta argucia consiguen dividendos para familiares, amigos y relacionados, cuando muchas veces ni siquiera pueden votar porque se les ha perdido la cédula o tienen otro tipo de inhabilidades.

Este tipo de camaleones de la política, tiene una vida esporádica, en la que son muy visibles en las preliminares de comicios como los que se avecinan, pero luego vuelven a desaparecer para ponerse a ivernar y esperar el tiempo prudencial para volver hacer de las suyas.

Al al igual que otras formas de corrupción por dar o recibir, que son el pan nuestro de cada día, tanto en los ámbitos públicos como privados de la Nación, los mercaderes de precandidaturas posan de grandes líderes sociales, cuando en realidad tienen pies y viven en el barro.

Ahora que se aproxima una temporada propicia para este tipo de pilluelos, los ciudadanos debemos tener los ojos abiertos y oídos despiertos como decía el extinto Alberto Acosta, para que este tipo de pelambres no se queden con los méritos de personas que si pueden y deben estar a la vanguardia de los procesos políticos, que le devuelvan a los 123 municipios de Boyacá y el mismo Departamento la dignidad y los sitiales de honor que nunca debieron perder en el contexto territorial y nacional.

Fuente: BOYACARADIO.COM

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