Cultura

 jueves 30 de octubre de 2014

 

Este hombre puede ser el próximo alcalde de Yopal

Foto: Revista Don Juan

La “Revista Don Juan” trae la historia de Jhon Jairo Torres Torres, de quien dice tiene probabilidades de ser Alcalde de la capital casanareña.

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Jhon Jairo Torres Torres tiene 38 años, estudió hasta séptimo de bachillerato, comenzó su fortuna en una venta de calzones y está construyendo un barrio en Yopal, que será un negocio inmobiliario de noventa mil millones de pesos y que lo ha metido en muchos problemas. Además, en la montaña más alta del municipio está por construir, en cemento, la biblia más grande del mundo. En esta historia aparecen Óscar Iván Zuluaga, terratenientes del Casanare y el Meta, decenas de funcionarios públicos y tres mil familias que sueñan con tener, por fin, una casa propia en una ciudad que ha crecido diez veces en 17 años.

Jhon Jairo Torres dice que le debe todo a los calzones de mujer. Y les debe mucho: un hotel cinco estrellas, ocho volquetas, dos retroexcavadoras, quince camionetas, sus apartamentos en Yopal y Bogotá y sus caballos appaloosas, que monta descalzo. “Yo tengo la pata ancha por andar descalzo desde chiquito por todas estas tierras”, dice con cierto orgullo. A los calzones también les debe sus dos fincas, “unas cuantas vaquitas”, su lancha para ir a pescar al río Cusiana y su jeep Willis con una metralleta .50 que les compró a unos coleccionistas de autos antiguos.

Y también les debe a los calzones un terreno de 140 hectáreas en las afueras de Yopal, donde está construyendo un proyecto inmobiliario que se llama Ciudadela La Bendición, y donde venderá cerca de tres mil lotes, a treinta millones de pesos cada uno, a cuotas de 300.000 pesos mensuales. Él no construirá las casas, pero sí las vías, parques y toda la infraestructura de gas y eléctrica –con una planta generadora propia–, e incluso un acueducto con una planta para agua potable.

Pero, como a todos los hombres, a Jhon Jairo Torres los calzones de mujer también le han traído muchos problemas. Él dice que el dinero para construir el barrio, en el que vivirán cerca de diez mil personas, lo ganó vendiendo su principal producto en un almacén que tiene en Yopal junto a su esposa. El almacén se llama Caricias íntimas, empezó en un toldo al frente de la plaza de mercado de Yopal y ahora cuenta con un local de cerca de mil metros cuadrados, que ya no vende solo ropa interior, sino camisetas –a quince mil pesos–, bermudas –a trece mil pesos– y juguetes de todo tipo, desde carros a control remoto hasta pianos electrónicos.

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Jhon Jairo afirma que va a pagar cerca de 37.000 millones de pesos por los terrenos donde hoy se construye la Ciudadela La Bendición. Esa cifra le ha dado para pensar a algunas personas que eso no es posible solo con la venta de calzones.

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Las balas de la metralleta .50 en su jeep no tienen pólvora, pero cuenta con un sistema que reproduce el sonido de los disparos al oprimir un botón, y Jhon Jairo “saluda” con disparos falsos a todos los habitantes de Yopal, incluso a la policía.

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El lobby del Hotel La Bendición, un hotel campestre de lujo construído a las afueras de Yopal por Jhon Jairo.

Jhon Jairo afirma que va a pagar cerca de 37.000 millones de pesos por los terrenos donde hoy se construye la Ciudadela La Bendición. Porque, aunque en este momento hay obras en proceso, dice que no los ha pagado por completo. Sin embargo, esa cifra le ha dado para pensar a algunas personas que eso no es posible solo con la venta de calzones. “En Yopal aparece de la nada un benefactor al estilo de Pablo Escobar a construir vivienda ‘a lo loco’”, dice alguien en Twitter.

Otros, más atrevidos, cuentan historias de cuando vendía cebollas en una plaza de mercado y, por casualidad, conoció a Pedro Oliviero Guerrero Castillo, alias Cuchillo, y se convirtió en su hombre de confianza, al punto de que cuando el paramilitar fue abatido por el Ejército en 2010, Jhon Jairo se habría quedado con su fortuna. Pero él lo niega y se ríe de todas las acusaciones de las que habla la gente. “¿Dónde está el pecado, dónde está el ladrón, el narcotraficante, el guerrillero de Jhon Jairo Torres? ¿Ah? Las cárceles de Colombia están llenas de paramilitares, guerrilla, Bacrim, de delincuentes, de narcotraficantes. No se pongan a meterme infiltrados y a mirar qué hace Jhon Jairo. Vengan y dense cuenta. Mis oficinas están abiertas. Yo me mantengo en pantaloneta, descalzo, sencillo, sin ningún problema”, dice Jhon Jairo, que le tiene una explicación matemática a todo.

–¿Cómo le iba a usted en matemáticas en el colegio? –le pregunto mientras conduce su Toyota Sahara negra, con blindaje número 4, a las afueras de Yopal.

–Excelente, yo soy un putas pa multiplicar, ¿no ve pues?

–¿Ah sí? ¿Cuánto es 8 por 6?
–No, pero pregúnteme más bien cuánto es 48 por 9, porque las tablas no son las del 1 al 9. Pregúnteme 15 por 6, 120 por 25, maricadas de ese tamaño, pero no vainas de colegio.
–Bueno, ¿cuánto es 120 por 25?
–225.
–¿225? –le pregunto. En ese momento frena en seco la camioneta. Una tortuga morrocoy del tamaño de un coco está atravesando la carretera.

–Rueda, vaya póngala a la orilla, no vaya a ser que pase un hijueputa camión y la mate –le dice a uno de sus escoltas, al que conoció cuando prestó servicio militar en Vista Hermosa, Meta–. Y Rueda, con un shotgun trenzado en el pecho y una pistola en el cinto, se baja y levanta a la tortuga con la delicadeza con la que quitaría una bomba del camino. En la camioneta también va Novena, su otra escolta, madre de nueve hijos –por eso su apodo, Novena– de tres hombres diferentes. Y dos veces viuda.

También lleva un shotgun trenzado en el pecho. Jhon Jairo Torres Torres está armado hasta los dientes, pero nadie puede decir que no siente respeto por la vida de los animales en la vía.

• ¿Y por qué tantas armas? En el último año, ha sufrido dos atentados. En uno, tres sicarios fueron a matarlo al barrio La Bendición, pero logró escapar. En otro, uno de los setenta obreros que tiene contratados en la Ciudadela notó algo extraño en un hombre que paseaba por las construcciones. Lo había visto varias veces, tanto que ya se había aprendido de memoria las placas de su moto. En un descuido, Jhon Jairo se le acercó y lo tumbó de la moto al agarrarlo por el cuello. Con ayuda de Rueda y Novena lo llevaron a un matorral, le quitaron la pistola –Jhon Jairo la tiene en su poder– y el sicario le confesó que por su cabeza ofrecían 50 millones de pesos, y que era muy posible que volvieran a atentar contra él, incluso, pegándole una bomba lapa a una de sus quince camionetas.

• –Las amenazas las he denunciado a la Fiscalía e, incluso, le envié una carta a la Presidencia de la República.

• –¿Cómo han sido las amenazas? ¿Le han mandado a decir cosas o lo han llamado?

• –Me han llamado y me han mandado a decir con personajes “váyase de Yopal o lo matamos”. “Sálgase del proyecto porque vamos a acabar con su vida”. Hasta por Facebook me han mandado mensajes.

• –¿Quién lo quiere matar?

• –No tengo ni idea. Yo antes de estar en este proyecto, de ayudar a estas familias, de haberme integrado en el tema de la política, nunca había estado en eso. Ahora que ayudé en la campaña a Óscar Iván Zuluaga, se me vinieron todas las amenazas y problemas encima.

• –¿Cómo le ayudó a Óscar Iván Zuluaga?

• –Yo pegué afiches de noche, peleé con los opositores de Zuluaga, me agarré, me di la lucha, hice engrudo, le trabajé a ese man todo lo que quiera, sin ningún interés ni nada.

• –¿Dónde lo conoció?

• –En Bogotá fui al directorio y lo saludé y hablé con el hijo, David. Le dije: “Yo les voy a colaborar. Ustedes en Yopal no tienen un líder, un director de la campaña. Yo voy a ser el director de la campaña en Yopal”. Y me dijo que sí, que la verraquera, me tomé una foto con Zuluaga, estuve hablando con la esposa un rato, una señora muy querida. Ellos son unos paisas muy queridos. Pero creo que uno debe saber perder con dignidad, con verraquera. Uno debe ser una persona valiente y poner la cara y ser serio y ser un señor. Y él vino acá y yo vi su indiferencia conmigo, y pensé “ve, ¿a este señor yo le quedé debiendo o qué?”.

• –¿Por qué indiferencia?

• –Porque el tipo, sabiendo que yo fui el que le invirtió en la campaña, que puse el pecho en la campaña, y uno hace todo ese esfuerzo, usted se trasnocha y en los últimos días, antes de las elecciones, pasa la noche en blanco, organizando, mirando, analizando, y pues lo menos que usted espera es que el candidato venga y le dé las gracias, porque aquí en Casanare ganamos, en Yopal le pusimos 46.000 votos. Inclusive: yo compré la publicidad en una imprenta en Bogotá para los afiches de acá de Yopal. Yo pagué la gente, los habladores, incluso los testigos electorales. Pagué las comidas. Yo estuve al frente de ese proyecto.

• –¿Pero usted se vio con él después de las votaciones?

• –El día que vino a Yopal le organizamos un almuerzo en un estadero, el Conuco. Yo pagué la gente para que asara la carne. Yo puse absolutamente todo, y el tipo vino, almorzó, entró con su asistente, y le compré un chinchorro de 800.000 pesos dizque para regalárselo y el tipo ni siquiera me saludó. Y luego yo lo llamo y le digo “doctor Zuluaga, yo lo llamaba para saludarlo y se enterara de que yo fui quien lideró e invirtió en su campaña acá, quien puso el pecho y que trabajé para ponerle a usted 46.000 votos. Y me dijo “Jhon Jairo, la verdad es que yo no estoy interesado en tener una amistad con usted”, y le dije “yo tampoco, y quiero dejarle claro que yo de usted no necesito nada”. El tipo es un grosero, desagradecido y oportunista. Y yo no tengo por qué humillármele a nadie. Yo me metí en problemas por eso. Yo iba muy bien con la Ciudadela, pero la maquinaria política aquí era del doctor Santos, y resulta que a mí me castigaron y me están castigando por haberme metido en política.

• Días después de visitar a Jhon Jairo, me comuniqué con el equipo de Óscar Iván Zuluaga. Amalia Salgado, su asistente personal, me cuenta que Jhon Jairo Torres no fue el director de la campaña en Yopal, porque el coordinador general de la campaña en Casanare fue Alirio Barrera; que en las cuentas de la campaña no entró dinero suyo; que el episodio del chinchorro sí ocurrió, pero que ella evitó que el candidato lo recibiera, y por último, que Óscar Iván Zuluaga sí recibió una llamada suya, en la que cortó toda relación con él. Por último, Amalia afirma que cuando el Centro Democrático armó la dirección departamental del partido, Jhon Jairo quedó por fuera de la conformación del partido en Casanare.

• El portal La Silla Vacía publicó un artículo llamado “El nuevo y polémico mecenas de Yopal”. En él se afirma que “en apoyo a la campaña de Óscar Iván Zuluaga en Casanare, Jhon Jairo Torres le puso un bus y una camioneta al candidato para que recorriera el departamento”. Amalia Salgado afirma que eso no ocurrió, porque la Unidad Nacional de Protección y la Policía Nacional fueron las encargadas de la seguridad de Óscar Iván Zuluaga y dispusieron los vehículos en los dos viajes que hizo el candidato a Yopal en 2014, uno por la crisis del agua y otro después de la campaña, en el episodio del chinchorro. Jhon Jairo, por su parte, afirma que el candidato nunca se subió a una de sus camionetas.

Fuente: boyacaradio.com

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