Salud

 miércoles 22 de julio de 2020

 

El tiempo de la gente. Robar tiempo es robar vida

Foto: Flikr

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Con frecuencia nos sentimos impotentes y culpables ante la manera como nos dejamos robar partes valiosas de nuestro tiempo: por las “colas” o turnos, y trámites absurdos que siguen propiciando dañinos sistemas de operación.

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Con frecuencia nos sentimos impotentes y culpables ante la manera como nos dejamos robar partes valiosas de nuestro tiempo: por las “colas” o turnos, y trámites absurdos que siguen propiciando dañinos sistemas de operación, en los bancos, en empresas de salud, en hipermercados, en notarías, en juzgados, en la espera del bus, en defenderse de los prestadores de servicios públicos, en oficinas gubernamentales, etc.
No solo en lo presencial, también en la comunicación telefónica, pues ahora el interlocutor ya no es la tradicional operadora. Son grabaciones y largos turnos virtuales, que también nos producen pérdidas de tiempo. Casos de casos padecemos.

¿Cuánto tiempo perdemos cada día a causa de estos atropellos? Difícil de medir exactamente. Por ejemplo, vaya e intente ante un banco cualquier atención personal o telefónica al usuario …Ahí está, a la vista y con dolor.
Algunos bancos han progresado con el sistema de fichas para los turnos, lo mismo que IPS y EPS. En general, el problema surge por los ahorros en contratación de personal o procedimientos mal elaborados. Es evidente la falta de ventanillas para atención, o aun existiendo estas, muchas permanecen sin empleado responsable. Los portales que permiten trámites también son de buena ayuda, pero subsisten sistemas complicados en su manejo o que no ofrecen todas las soluciones posibles.

Otro chorro de tiempo perdido está en la tramitomanía, que no tramitología. Cada gobierno saca pecho por eliminar trámites, pero con la otra mano está creando nuevos procesos inútiles. Hay que justificar la creciente burocracia. Que eliminaron autenticaciones notariales, pero en la mayoría de las partes las exigen. Que el ciudadano no debe presentar documentos, cuando es sabido que la institución los puede tomar de otra fuente estatal. Los siguen exigiendo. Puro cuento chino. Mucha de esta tramitomanía se basa en crear cargos para satisfacer cuotas y empleos políticos, o apoyada por los mismos sindicatos. Además de pérdidas de tiempo para el usuario, dulce oportunidad para fomentar la corrupción.

Eficiencia y eficacia es lo que nos falta para salir del atraso. La pérdida de tiempo es parte del círculo vicioso del subdesarrollo. Componente de un buen servicio es la agilidad y consideración por el usuario o cliente.
Es asunto de responsabilidad social. Cuando esta no funciona, entonces debe actuar la mano reguladora y vigilante del Estado. Las superintendencias deben aportar a garantizar métodos de trabajo más ágiles y exigentes que se reflejen en debida atención al público. Que la cuantía de personal en atención al usuario financiero esté, por ejemplo, en relación al número de cuentas abiertas, u otro factor. Que las EPS e IPS contraten una cifra variable de personal médico, paramédico y de atención al usuario (además de las instalaciones y equipos) con base en las variaciones en número de afiliados. Algunas EPS e IPS siguen llenando sus tesorerías recibiendo a afiliados que pertenecieron a instituciones quebradas o eliminadas por la autoridad, pero nada que invierten en mejor atención al público o en ampliación de sus capacidades.
Que la atención en notarías sea más expedita. Que la atención a reclamos ante las empresas de servicios públicos domiciliarios y no domiciliarios dejen de ser objeto de burlas, en donde dados los trámites para una reclamación y el paso de tortuga para su solución, terminan desanimando al ciudadano, que finalmente prefiere pagar lo que le exigen, para que no le corten el servicio.

Falta mucho por hacer desde las superintendencias. Claro, mucho menos que en el obsoleto, envejecido y corrompido sistema de Justicia. El país se rindió ante los tiempos que se llevan las soluciones de los casos llevados a la Justicia, desde el juzgado promiscuo hasta las encopetadas y paquidérmicas altas Cortes. Con el billonario costo que para los bolsillos y la economía tienen los tiempos de espera en las soluciones a los conflictos. Costosa burocracia en las alturas y jueces mal preparados, remunerados y protegidos hacen parte del problema, difícilmente superable. Y sigue y sigue la acumulación de expedientes.

Robar tiempo es robar vida. Nos están robando de ambos, y no pasa nada. El ideal es elevar este zarpazo a la categoría de contravención, cuando menos. Reaccionemos en contra de quienes nos quitan horas de vida, de trabajo, de ocio. Exijamos un mejor trato de parte del Estado y de los empresarios, ante el tiempo de la gente, que debe ser sagrado, respetado.
Razón tenía y tiene el inventor y científico Benjamin Franklin al señalar que “el tiempo es dinero”. A lo cual agregó “¿Amas la vida? Pues si amas la vida no malgastes el tiempo, porque el tiempo es el material del que está hecha la vida.” El tiempo perdido en trámites y turnos dañinos jamás podremos recuperarlo, nos hunde más en el subdesarrollo.

Fuente: BRPrensa - Guillermo Romero Salamanca

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