Nación

 miércoles 05 de junio de 2019

 

Los dolores de cabeza de Jota Mario Valencia

Foto: Guillermo Romero Salamanca

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El tipo siempre hablaba en clase. Con ese vozarrón que tenía opacaba a sus compañeros de salón del primer piso de la sede L

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El tipo siempre hablaba en clase. Con ese vozarrón que tenía opacaba a sus compañeros de salón del primer piso de la sede L. A pesar del frío que hacía en Bogotá en los años ochenta, Jota Mario Valencia llegaba a las aulas de la calle 70 donde funcionaba el INSE --institución precursora de la Universidad de La Sabana-- con camisas a cuadros de mangas cortas.
El nieto de Luis Eduardo Yepes, el fundador de célebres almacenes Ley, acababa de arribar a Bogotá, procedente de su amada Medellín. Quería adelantar estudios de Comunicación Social y Periodismo. Contaba que había trabajado en Veracruz Estéreo, que era, según él, la mejor emisora de Colombia y que grababa comerciales.
Era, en ese 1978, un experimentado hombre de medios y fue llamado entonces por el filósofo y periodista Jorge Yarce para que trabajara en Promec Televisión.

En la mansarda de la casona, en la carrera 5 No. 34-42, frente al Parque Nacional, le acondicionaron un estudio de grabación para que hiciera programas y las enviara a diversas emisoras del país. A un lado, en otra pequeña oficina laborábamos con Fernando Ávila, organizando una agencia que se llamó en principio Aciprensa.
Un día el escritor Jaime Sanín Echeverri hizo una reunión de urgencia y nos dijo: “Eso de Aciprensa, no me suena. De ahora en adelante se llamará Colprensa”. Así nació la agencia de información y prensa.

Un día llegó Jota Mario haciendo escándalo y pidiendo que bajáramos al primer piso, a la calle, para ver el Renault 4 que había comprado. Era de color naranja y Jota Mario se creía el Fittipaldi del momento. Estaba feliz.
Jota grababa las promociones de una decena de programas. La empresa administraba también a Eduardo Lemaitre Televisión y a Juan Guillermo Restrepo Jaramillo Televisión.
Jota hacía las presentaciones de “Dialogando” y realizaba las entrevistas de “Valores Humanos” y era también el coordinador logístico de “Revivamos nuestra Historia”. Uno de sus grandes trabajos fue “Bolívar, el hombre de las dificultades”, el dramatizado más osado que se hacía en la televisión colombiana, bajo la dirección del gran Jorge Alí Triana y con un solo camarógrafo para exteriores: Alfredito Corchuelo.

Un buen grupo de condiscípulos de universidad trabajábamos en la empresa de televisión como José Vicente Arizmendi, Ángela Estrada, Roberto Vargas, Mario González, Gabriel Ángel Ardila, Fabio Fandiño, Bernardo Colmenares, Hernando Salazar, María Consuelo Rodríguez y Ángela Salgado, entre otros.
Jota era un obsesionado por el trabajo. Una tarde oí un ruido extraño proveniente del cuartico, lo abrí y lo encontré tendido en el suelo. Estaba con una altísima fiebre, dolor de cabeza, producto de una gripa que lo tenía en un mal estado. Le conseguimos aguapanela, aspirina y al rato se pudo levantar y seguía laborando.
Pero Jota Mario era irrompible. Obstinado. A veces nos encontrábamos en las escaleras de la universidad y otras veces me llevaba a la oficina de Promec en su Renault 4.

Una noche debíamos que entregar la documentación para una licitación de televisión. Eran arrumes de fotocopias que se debían ordenar y numerar. José Vicente corría de un lado a otro, Roberto bajaba por los AZ y al rato nos dimos cuenta: Jota se había desaparecido. ¿Pero cómo si era el comandante de la operación? Lo encontramos en la sala durmiendo. Un nuevo dolor de cabeza.
Le gustaba almorzar en Tic-Tac, un restaurante donde le preparaban una paella con doble ración de mariscos.
Un día me pidió un favor: que lo acompañara a la Porciúncula, una iglesia que estaba cerca de la universidad. Hasta allí llegamos y el hombre lloraba y lloraba. Esta inconsolable. Mientras él le pedía a Dios que le ayudara con su gran amor, yo meditaba sobre cómo sería Jotamario en el futuro. A los pocos días contrajo matrimonio.

Jota siguió creciendo en éxito. Al poco tiempo departía con los dos grandes presentadores del momento: Fernando González Pacheco-Castro, quien lo llamaba como “el bobito” y doña Gloria Valencia de Castaño. Los tres hicieron una llavería que marcó la sintonía de la televisión. Jota Mario fue, poco después, el lector del noticiero de Promec Televisión.
Cuando aparecieron los canales y desaparecieron las programadoras, Jota Mario abandonó a Promec Televisión e ingresó a RCN Televisión. Estuvo en unas 3 mil emisiones de “Muy buenos días”, cifra difícil de alcanzar y que debe estar en algún libro de récords, es el personaje que más horas tiene al aire. De lunes a viernes estuvo en “vivo y en directo” desde las 8 de la mañana hasta el mediodía. Descansaba en un sofá de cuero y estaba pendiente de los compañeros, de los camarógrafos y hasta de la publicidad que se estaba emitiendo.

Trabajó también en Cinevisión y hacía un programa de variedades. Nos lo encontramos allí cuando invitaron a un grupo de periodistas del espectáculo. Jota me vio y se alegró. “Le voy a dar unas respuestas para que se gane los premios”, me dijo. Apréndase estos datos: “una resma de papel tiene 500 hojas” y “Julio Iglesias nació en España”. Y se fue. Yo pensaba: “con esas pistas no se me trataba de bruto o de verdad, me quería ayudar”.
Total, no ganamos.
Siempre fue mal bailarín, nunca tomaba licor. Contaba con cierta gracia que cuando era niño, un hermano, le había enterrado unas tijeras en un ojo y que por eso usaba gafas.

Una vez, en Honda, lo invitamos a jugar billar. No sabía ni qué era una tiza. Bernardo Colmenares le dijo: “Vea Jota Mario, mejor, búsquese un trabajo de presentador de programas de televisión, porque de carambolas no tiene ni idea”.
Y el hombre le hizo caso.
Si algo ha tenido Jota Mario es que no pierde el tiempo. Cuando llega a su casa sigue escribiendo, pensando, creando, llamando. Habla de ángeles, de charlas sobre optimismo y de cómo será la televisión en unos años. No se le ve en reuniones sociales, sólo acude a la presentación anual de los libros de su maestro Jorge Yarce y hoy, a sus 63 años, --los cumplió el pasado 31 de marzo—de seguro, estaría pensando en cómo Gerenciar esa oficina de Entretenimiento de RCN Televisión.

Este domingo 2 de junio estaba en Cartagena y no aguantó el dolor de cabeza, además tenía un brazo dormido. Llegó al nuevo Hospital de Bocagrande. Lo miraron y lo internaron de inmediato. Los médicos analizaron su cerebro y le encontraron dos coágulos de sangre. Ya se los sacaron. Está en recuperación y media Colombia eleva oraciones al cielo para que llegue su pronta recuperación.
Estamos seguros que sí.

Fuente: Guillermo Romero Salamanca

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