Nación

 miércoles 16 de diciembre de 2015

 

Chocorramo, producto de origen boyacense, rumbo a las vitrinas de los Estados Unidos

Foto: Chocorramo.

Chocorramo, el producto por excelencia de los colombianos, da su primer paso rumbo a la internacionalización con las primeras ventas en los Estados Unidos.

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La empresa que naciera en Boyacá celebra 65 años y al 2020 espera doblar su tamaño. Germán Martínez, director general de Productos Ramo, cree que estas operaciones le abren el camino a la compañía para ser una multilatina en unos años, aprovechando el potencial identificado.

La compañía tiene un distribuidor en La Florida, lo que demuestra que la compañía venció una barrera que dificultaba la exportación: la vida útil del producto. Con un sistema de congelación ahora puede durar hasta seis meses, cuando antes era en promedio un mes.

Mientras avanza en ese plan de tener mayor presencia internacional, fortalecen su capacidad en el mercado interno, con inversiones industriales superan los 100.000 millones de pesos
.
La mayor parte, 76.000 millones de pesos, para la construcción de una planta de producción de ponqué, en la Zona Franca de Occidente, en Cundinamarca.

Paralelamente, la compañía incrementó en 10 por ciento su producción con un nuevo horno en la planta que tiene en Antioquia.

Con estas ampliaciones la empresa logrará en menos de un año extender su capacidad en 35 por ciento, con el fin de atender una demanda cada vez más creciente.

Para el 2016 se propone destinar 32.000 millones de pesos para inversiones industriales; además de la reconversión en equipo y la búsqueda de eficiencia, planea montar un nuevo centro de distribución en el Parque Industrial Ramo que opera en el municipio de Mosquera. Igualmente, espera aumentar la capacidad de producción de su granja avícola Avinsa, que está en el municipio de Cachipay, y que provee exclusivamente el huevo que sirve como ingrediente a todo el portafolio de Productos Ramo, explicó Germán Martínez.

Historia

La compañía fue fundada en 1950 por Rafael Molano2 y su esposa Ana Luisa Camacho, en el Barrio Los Alcázares de Bogotá. Ramo fue la primera marca en ofrecer ponqués preparados y empacados en Colombia. Los logos y empaques de sus productos han cambiado poco desde la década de 1960.

Hacia 1964 Rafael Molano comienza en la Carrera 33 con Calle 6 de la ciudad de Bogotá, la producción industrial a gran escala con la colaboración técnica Álvaro Iregui gerente del laboratorio y uno de los primeros PhD en alimentos del país3 . Como resultado de esto, nacen productos como el Ponqué Ramito y posteriormente, la línea Gala4 . En la actualidad, la compañía tiene varias fábricas en el país, y produce varios de los ingredientes que requiere -incluyendo harina y huevos-.

El fundador de la empresa, Rafael Molano, falleció el 20 de agosto de 2014 en Bogotá.

El nombre de la compañía se debe a que, cuando empezaron con el negocio, la esposa del Don Rafael Molano usaba cintas de papel seda, que amarraba con la forma del ramo de las flores de regalo. De ahí salió la marca Ramo.5 También se dice que es el acrónimo de su fundador Don Rafael Molano, RA MO.

Rafael Molano: el cerebro detrás de los ponqués Ramo


Rafael Molano Olarte nunca quiso estudiar en la universidad, pese a venir de una familia con recursos.
El fundador de la empresa de ponqués Ramo, Rafael Molano Olarte, quien murió este miércoles a los 90 años, fue uno de los líderes empresariales más innovadores del país.

Su muerte llegó luego de varios quebrantos de salud que le disminuyeron su capacidad para moverse y de grandes cambios en su compañía en los últimos años. Ramo pasó de ser manejada como un emporio familiar a uno de gobierno corporativo, con una junta directiva mixta de cuatro miembros de la familia y tres externos de alto nivel, y un consejo de socios integrado por sus ocho hijos.

Molano Olarte murió en su apartamento de la calle 93 con séptima en Bogotá, muy cerca del Museo el Chicó. Allí tenía una sala de juntas –con mesa ovalada– donde le gustaba estar y en la que debatió por muchos años, con sus hijos, el futuro de Ramo.

En la sala, dos cuadros atestiguan su historia profesional y personal. El primero resume en fotografías los 64 años de Ramo, que empezó con seis moldes de torta y que hoy produce 900.000 unidades diarias del famoso Chocoramo. El segundo, los recuerdos más importantes de su familia.

Una de esas fotografías en blanco y negro es del primer local donde funcionó la empresa. Era el primer piso de la casa de Molano Olarte y su esposa, Ana Luisa Camacho, en el barrio Los Alcázares, cuando Bogotá terminaba en la calle 72.

La necesidad de Rafael Molano Olarte de pagar los 145 pesos de la cuota mensual de la casa sin retrasarse y de poder sostener sus amadas noches de bohemia, lo llevaron a idearse la manera de conseguir ingresos extra a los que recibía como ejecutivo de nivel medio en Bavaria, donde estaba encargado de que la logística y las ventas funcionaran. Antes de eso, su primer puesto en la compañía fue como celador de un lote.

Su hijo mayor, Mauricio Molano Camacho, quien ha recolectado durante 15 años toda la documentación sobre la historia de su padre y Ramo, recuerda que pese a ser un ejecutivo de mediano rango, a su padre no le alcanzaba el dinero. “Antes de dedicarse a la pastelería, él y un grupo de amigos de Bavaria aprovechaban sus tiempos libres para vender y comprar carros y así tener unos ingresos extra, pero eso era de épocas. Mi papá recordaba que su mamá, Mercedes Olarte, siempre que lo visitaba le traía unos ponqués deliciosos y que un día se le ocurrió que podían comercializarse. Le pidió, entonces, a mi abuela que le enseñara a mi mamá a hacer las tortas”, relata.

Mauricio pone la mirada en la silla donde solía sentarse su padre y evoca las palabras que su este les decía a sus hijos sobre la muerte: “Tomaré las decisiones en la compañía hasta el día que muera y durante los nueve días siguientes”. Eso al final no ocurrió, pues mucho antes de su muerte, y con el deterioro de su salud, la empresa pasó, en medio de un duro debate familiar, a ser dirigida por un gobierno corporativo.

En 1950, además de venderle los ponqués a sus compañeros, Molano Olarte se contactó con tenderos amigos y los convenció de que vendieran sus ponqués. Al final de la primera jornada, de acuerdo con el relato de su hijo mayor, el negocio no había dado frutos, puesto que para la época, los ponqués solo se vendían para cumpleaños y comprar uno resultaba caro. Fue esa misma tarde que se le prendió el bombillo: le pidió al tendero amigo que le pasara un cuchillo para tajarlo en 12 porciones que se podían vender de forma individual y a un precio asequible. La idea fue un éxito y a la semana, Molano Olarte había extendido su red de tiendas y sus ganancias se proyectaban mayores a las que recibía en su trabajo.

Todas las noches, durante toda su vida, afirman sus familiares, amigos íntimos y empleados, el fundador de Ramo acostumbraba a sacar cuentas de lo que ganaba y gastaba a diario.

Con un resultado exitoso en tan solo una semana, Molano Olarte decidió ir donde el médico de Bavaria y le relató síntomas que inventó. El galeno lo diagnosticó y le dio un mes de incapacidad. En ese tiempo, junto a su esposa, trabajaba día y noche en la fabricación de los ponqués de su madre, quien había aprendido de su abuela, una inglesa que llegó a Boyacá procedente de Santander. “En ese mes de incapacidad tomó un pequeño crédito de la cooperativa de Bavaria y compró los peroles para los ponqués. Al término del mes, logró que el médico le diera uno más de incapacidad y siguió haciendo crecer el negocio. Al final renunció y se dedicó de lleno con mi madre a consolidar la empresa”, comenta Mauricio Molano.

Así despegó la compañía y de inmediato el creador de Ramo empezó a rodearse de expertos. Llamó a los mejores empleados de cada área que trabajaban con él en Bavaria y armó un equipo que llevó el negocio del ponqué por el país y que, de paso, impulsó otras industrias como la avícola, la lechera y la de la harina.

El modelo de negocio siempre se basó en la familia, por eso, además de tener empleados de su sangre, también vinculaba a familiares de otros trabajadores. Incluso, explican sus hijos, dentro de la compañía no era extraño que muchos empleados heredaran los cargos de sus padres.

El nombre de la empresa, contrario a lo que muchos creen, no se debe a las iniciales de su nombre y apellido, sino a la forma como Ana Luisa Camacho, empacaba los ponqués. Usaba cintas de papel seda, que amarraba con la forma del ramo de las flores de regalo. De ahí salió la marca Ramo.

Uno de sus mejores hombres fue el ingeniero Álvaro Iregui Borda, químico de la Universidad Nacional, que se encargó de estandarizar la producción de ponqués, montando el primer laboratorio. Para eso, Molano Olarte compró unos equipos científicos que se estaban pudriendo en la Nacional y se trajo a Iregui, quien trabajaba en esa universidad.

En 1967 abre la planta de Sabaneta, en Antioquia (hoy está en el municipio de Caldas), y luego, en 1969, con un préstamo, traslada la fábrica de su casa en Los Alcázares a Mosquera (Cundinamarca). En 1975, luego de un viaje por el mundo, decide implementar el sistema de distribución de ponqués en triciclos, inspirado en los que transitan las calles de China. El diseño con furgón fue de su hijo Claudio.

“Como no muchos vendedores se le medían al triciclo y siendo él de Santa Rosa de Viterbo (Boyacá), decide llamar a Rafael Antonio Niño, el Nairo Quintana de la época, para que se tomara una foto en estos vehículos, mostrando que mientras se trabajaba, se podía practicar ciclismo. Así consiguió vendedores e implementó un sistema de distribución puerta a puerta que perdura hasta hoy y que, incluso, ha sido copiado por multinacionales”, comenta su hijo mayor.

El Chocoramo

Sin duda, el producto estrella de Molano Olarte es el Chocoramo, que salió al mercado en 1972, y que hasta hoy representa el 80 por ciento de las ganancias de Ramo. Este producto nació de la idea de uno de sus hijos, a quien se le ocurrió bañar el ponqué Gala con chocolate. El reto lo asumió el pastelero Olimpo López y el equipo de ingenieros químicos. Siete meses duró crear el Chocoramo perfecto. Su fórmula secreta está guardada en una caja fuerte de un banco de Estados Unidos. El año pasado Ramo facturó 237.842 millones de pesos y se ubicó entre las 500 firmas que más vendieron en Colombia.

“Como empresario don Rafael Molano Olarte deja no solo para mí, sino para el país entero, un ejemplo de emprendimiento y de amor por Colombia. Su sentido de liderazgo empresarial y de responsabilidad social marca un hito en nuestra historia, pues consiguió que Ramo llegara a todos los rincones del país a precios bajos”, asegura el presidente corporativo de Ramo, Óscar Gutiérrez.

Compromiso social

Durante su larga carrera como empresario, Molano Olarte no solo fundó Ramo, sino otras organizaciones como Acopi, el gremio de panaderos, el Club de Ejecutivos de Bogotá, y diversas escuelas de ventas como Incolda, de donde más tarde nacieran escuelas de ejecutivos y administradores como el Cesa y Eafit.

En el 2008, la Facultad de Administración de la Universidad del Rosario premió a Rafael Molano como el Empresario del Año 2007. El encargado de entregarle ese reconocimiento fue el rector Hans-Peter Knudsen. “Es un orgullo otorgarle este reconocimiento por sus aportes a la dirección estratégica, eficiencia operacional, responsabilidad social y ética empresarial”, dijo el rector.

A todo esto, se le suma su labor social, que durante años se la dedicó a la educación y a darle a los más necesitados herramientas para que salieran de la pobreza.

Logró que el Banco Mundial le prestara dinero a Santa Rosa de Viterbo para hacer el acueducto, entregó instrumentos musicales a las escuelas, fomentó la recuperación del patrimonio cultural y les enseñó a las mujeres de la vereda de Quebrada Grande el modelo asociativo para crear empresa. Les llevó el Sena, que las capacitó en costura. Gracias a ello, Ramo, como hasta ahora, les compra los 120.000 uniformes anuales que necesitan sus empleados, a los que consideró siempre su gran familia.

Fuente: BOYACARADIO.COM

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