Opinión

 miércoles 08 de abril de 2015

 

Nuestro agro atrapado entre el pasado y el futuro

Foto: Catalina Ortiz, gerente general de iNNpulsa Colombia.

Por Catalina Ortiz, gerente general de iNNpulsa Colombia.

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El mundo anda maravillado con un producto colombiano que se llama Quinoasure. La empresa que lo produce, Factoría Quinoa, fue catalogada como una de las 40 compañías que pueden cambiar el mundo, y el programa global New Ventures, que apoya a los emprendedores que generan un impacto positivo en el medio ambiente y en sus comunidades de influencia, la eligió como una de las 30 mejores firmas de América Latina.

Muchos otros, como yo, sencillamente, nos quedamos sin palabras ante la hazaña que lograron: Luis Felipe Avella, un ingeniero industrial de la Universidad de los Andes, especializado en la investigación de cadenas de comercio justo, y su socia Inés Patiño, una ingeniera química experta en procesos agroindustriales innovadores, quienes desarrollaron un suplemento alimenticio, ciento por ciento natural, elaborado con quinua en polvo, que ha ganado premios de innovación a nivel mundial en las Ferias SIAL de Alimentos en Francia, China y los Estados Unidos

El camino no ha sido fácil para Factoria Quinoa. Estos emprendedores, con intenso trabajo de investigación, lograron adaptar los cultivos a las condiciones climáticas de un valle de Boyacá, entre Paipa y Sogamoso, negociaron con algunos productores ya existentes de Nariño, invirtieron en innovación y tecnología, y les brindaron a los campesinos productores semillas y asistencia tecnica para la cosecha y post-cosecha.

Casos como este, muestran que no es cierto que nuestro agro este en la edad de piedra. Y es que, desde Bancóldex y sus programas especiales: iNNpulsa Colombia y el Programa de Transformación Productiva (PTP), nos hemos esforzado por apoyar y replicar casos de empresas de crecimiento extraordinario dedicadas a la agroindustria. Emprendedores que están revolucionando la forma de aprovechar cultivos como cebolla, flores, palma, café, frutas, miel y coco, entre otros. ¿Quién iba a creer, por ejemplo, que hay estudios que demuestran que la mayor productividad por hectarea de la cebolla no está en Boyacá, sino en Cesar o la Guajira?

Otro ejemplo, es Solar Ciencia Agrícola, una compañía familiar de Ibagué, de campesinos en Converse —así es como ellos mismos se definen—, que se dedica a solucionar diferentes problemas de la agricultura en el mundo, mediante productos nuevos e innovadores. Actualmente, Germán Andrés Castaño, cofundador y gerente general de esta empresa, se encuentra en proceso de patente de un fungicida desarrollado a partir de materias primas residuales de otros sectores de la industria, que puede ser empleado en cultivos orgánicos, y que además de acabar con plagas y hongos promueve el crecimiento de las plantas.

Los ganaderos se quejan que la tecnologia no ha llegado a su negocio. Pero, nosotros conocemos una empresa con una tecnologia muy notable como es Celotor, un collar diseñado por ingenieros colombianos que detecta el celo de las vacas y envía las alertas a los móviles de los ganaderos. Un invento revolucionario, si se tiene en cuenta que anualmente la ganadería mundial pierde hasta US$4 billones por no detectar los ciclos de celo, y que los campesinos pueden perder casi US$200 dólares por animal, porque al no identificar la fase de fertilidad se desperdician entre 20 y 40 días de producción de leche.

Estos casos de éxito, son importantes para entender que Colombia es un país con un profundo potencial agrícola que podemos catapultar si hacemos apuestas con innovación y pensando en grande. Incluso, como me recordaba el Professor Ricardo Hausmann, de Harvard, tenemos que ser mas audaces y dejar de hablar de “productos de mayor valor agregado” para comenzar a aprovechar nuestras habilidades y la ventaja natural de nuestra localización y geografía para crear productos provenientes del agro.

En síntesis, con tantos ojos puestos en la agroindustria y con la voluntad del gobierno, esta podría resultar siendo la gran revolución de la economía para Colombia. En nuestras manos está continuar quejandonos de la poca innovacion y productividad en el agro o hacer apuestas ambiciosas, basadas en innovacion que nos pasen de una agricultura casi medieval a una digna del siglo XXI. En agroindustria tambien tenemos como competir y crecer.

Fuente: BOYACARADIO.COM

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