Boyacá

 jueves 08 de agosto de 2019

 

Crónica: Tunja tuvo legendaria piscina

Foto: shutterstock

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A comienzos del siglo pasado funcionó en Tunja una piscina pública que recibía turistas de todo el país, que a pesar del frío, la gente se bañaba como si estuviera en tierra caliente y hasta le compusieron una canción que se hizo famosa en todo el país.

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Suena irónico, pero era verdad: Tunja con sus 2.700 metros de altura, una temperatura que siempre ha promediado los diez grados y vientos cruzados que desgarran el alma, tuvo hace cien años una piscina que atraía turistas de todas partes; la gente se venia desde Bogotá a “pisciniar” a la capital boyacense, como si esta ciudad fuera Melgar.
Tunja a comienzos del siglo XX tenia escasos 8.000 habitantes y sus limites geográficos, por el sur, llegaban hasta la ermita de San Laureano; hacia el oriente era rural, estaba conformado por potreros y sembradíos de frutas; al llegar a San Laureano, se tomaba un camino estrecho para bajar a encontrar el río Jordan que para entonces era cristalino y abundante. Tocaba descender unos 300 metros para encontrar el paraíso campestre de los tunjanos.

La piscina la había construido la municipalidad para entretención de sus lugareños, pero pronto se hizo famosa a nivel nacional; estaba ubicada exactamente donde hoy se halla la portería de la Industria Licorera de Boyacá. Allí aun se encuentra una amplia casona en ruinas, donde habitan actualmente varias familias de recicladores y que en sus
tiempos de gloria correspondía al área social del complejo, donde los visitantes podían degustar las comidas y las bebidas típicas de la región, especialmente la chicha.

Hasta hace no muchos años, antes de que el río Jordan se convirtiera en el asqueroso río “Chulo”, se podían apreciar inmensas losas de piedra, que correspondían a los pisos y las paredes laterales de la inmensa piscina, que además estaba dotada hasta de camerinos; hoy ya ni la piscina ni los camerinos hechos en piedra existen, pero la vecina casona da testimonio de la majestuosidad del complejo que funcionó allí. La piscina fue construida con bastante ingenio sobre el lecho del río Jordan, cuyas aguas represadas formaban su cuerpo; tenia una especie de tapones a lado y lado, lo que permitía evacuar de cuando en cuando las aguas usadas, para recoger nuevamente las frescas del río que bajaban por el lugar, cuyo nacimiento estaba ubicado unos tres kilómetros hacia el sur.

De manera pues que los fines de semana especialmente el sitio estaba abarrotado de visitantes y su fama trascendía los limites de la ciudad a tal punto que un legendario compositor bogotano le hizo una canción que llamó “Cabeza de hacha” en cuya letra hablaba fundamentalmente de dos temas: la piscina de Tunja y el Salto del Tequendama, lugar que se había puesto de moda por esos lejanos años, ya que muchos bogotanos iban allí a suicidarse, lanzándose desde la parte alta del río Bogotá, que para la época tampoco estaba contaminado. Pero fue en los años 60 cuando el conocido interprete Noel Petro “El burro mocho” la inmortalizo en su particular estilo, dejándonos conocer en esa canción de manera irónica, un pedazo de lo que fue la historia de la capital del departamento de Boyacá, cuando esta era muy pequeña y su ambiente era de campo.
Inclusive hasta hace escasos meses estaba construido allí un puente de madera que fue muchas veces refaccionado por las comunidades del lugar y que permitía el paso de occidente a oriente; ese puente, testigo de un pedazo de la historia local, fue derribado por la actual administración de Tunja, después que alguien le tomara fotos y las publicara en un diario local, denunciando su abandono; entonces el alcalde, cuya familia vive en las cercanías, lo que hizo fue mandarlo tumbar, en lugar de construir allí uno moderno. Es decir, fue como vender el sofá, después de la infidelidad.

La gente no pasa por el puente que ya no existe, sino que lo hace vadeando la cloaca, según lo testimonian los caminitos improvisados que allí se ven.
Pero la historia testificara que allí en otros tiempos, hubo una piscina que usaron y disfrutaron miles de colombianos que se desplazaban con el único propósito de conocerla y posteriormente referirse a ella en las legendarias tertulias santafereñas de la capital del país.

Fuente: BR - Orlando García Moreno

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