Opinión

 miércoles 10 de septiembre de 2014

 

MAL DE MUCHOS…

Foto: Por Rafael Mejía A

Una recomendación para nuestros lectores

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Una delicia de libro que acabo de leer y con saña, alevosía y premeditación me permito recomendar: Historia de la estupidez humana, de Paul Tabori. Creo que al título le sobra “humana” pues los animales son animales. Pero el humano sí puede llegar a ser verdaderamente estúpido. Para que se animen, vean la introducción:“Algunos nacen estúpidos. Otros alcanzan el grado de estupidez. A otros la estupidez se les adhiere, pero para la mayoría, ser estúpidos es fruto de un dedicado esfuerzo personal.”

Hay sobradas razones para pensar que estamos metidos de una u otra forma dentro de las anteriores opciones. Es decir que somos una raza de estúpidos. Veamos algunos pocos de los miles de ejemplos:
El tratamiento que le damos a la naturaleza. Desechamos el conocimiento indígena porque pensamos que son estúpidos. Sin embargo el estúpido es el blanco que cambia agua y aire puro por petróleo. Y más estúpido es cuando ese petróleo lo vendemos a precio de huevo para luego comprarlo refinado a precio huevo de oro. Es decir tenemos huevo.

Y más huevo tenemos cuando elegimos a los mismos cada cuatro años, o nos quedamos acostados para que otros los elijan y así tener otros cuatro años de refunfuñadera. ¿No han visto la belleza de cultivos de papa en los páramos? ¡Un año para que el frailejón crezca un mísero centímetro y llega un estúpido y en un minuto lo corta!.

¿Qué me dicen de la noción de autoridad que tienen algunos agentes de tránsito? Llegan a los alrededores de las clínicas con las famosas grúas (que no son más que un vulgar negocio) a llevarse los carros de pacientes que esperan el resultado de un examen o que están llevando algún medicamento a un pariente hospitalizado.

Personalmente vi cuando a un ciudadano recién nombrado jefe de comunicaciones de la terminal, le tocó salir de urgencias para retirar su carro, manejando con la mano derecha, y con la izquierda sosteniendo por fuera del carro una bolsa de suero ante la mirada estúpida de la agente de tránsito. Con semejante hazaña debió dormir plácidamente esa noche.

Pero si es una desafiante horda de ebrios con sus autos a todo volumen, estos valientes servidores públicos desaparecen como por encanto. ¿A cuántas piruetas tuvieron que acudir los ciudadanos decentes para tratar de erradicar los mini bazares de las licoreras de la plaza 6 de septiembre? Derechos de petición mal contestados, parada de escoba detrás de la puerta, rogativas a santos y cruzadas de dedos, ¡y nada que entienden que quienes trabajamos al día siguiente tenemos que dormir! Con el nombramiento de un profe en tránsito, ojalá los agentes aprendan que un saludito no se le niega a nadie.

¿Qué tal el sistemita de ‘cuotas de comparendos’ para que en Bogotá a la Policía no le quiten el contrato y vuelvan los anacrónicos ‘azules’? La estupidez hace que el policía se esconda para cazar a un infractor cuando la lógica dice que si ese infractor ha sido previamente educado, advertido, es posible que un accidente se prevenga. Si hay muerto no importa. Lo verdaderamente importante es ‘demostrar eficiencia’ con el comparendo. Y si nos volvemos todos respetuosos de la Ley ¿desaparecen los policías?.

Fuente: boyacaradio.com

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