Cultura

 miércoles 03 de septiembre de 2014

 

El talento es aquello de hacer con lo poco algo grande

Foto: composición BR

Historia del famoso grupo musical del movimiento Rock de Garaje

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The White Stripes

¿Hermanos o esposos? ¿Hype o grata realidad? ¿Nuevo rock o viejos trucos? ¿Quieres conocer a The White Stripes? Te hacemos el bajo.

Esto se decía de ellos en el 2003, es bueno recordarlo hoy para los fanáticos del Rock contemporáneo.

En la historia de la música popular, el concepto de dúo siempre ha sido alineado en las filas de la música suave, la balada romántica o los himnos a la paz y el amor, más aún cuando está conformado por hermano y hermana (Osmonds, Carpenters) o marido y mujer (Sonny & Cher, Ike & Tina).

Sin importar cuan tortuosa pueda ser la relación entre los miembros –al abusivo de Ike le encantaba darle como a piñata a la pobre Tina Turner– el espíritu predominante en las producciones de estos era la armonía suave y el mensaje romántico. Pero, hasta este entonces, ningún dúo había logrado tanto éxito en el ruidoso y áspero terreno del rock como estos dos ¿hermanos?, ¿esposos?, naturales de Detroit, Jack y Megan White, los cuales, con tres discos ya a cuestas, han logrado pescar la atención de millones de oyentes y hacer que la industria les convide un buen trozo de su gran pastel.

Alrededor de White Stripes se ha creado un aura de ambigüedad con el rumor sobre su parentesco, pues se dice que son ex-esposos que conviven como hermanos, que son sólo hermanos, o que son hermanos que conviven como esposos, y aunque se ha publicado su partida de matrimonio, ellos siguen afirmando su hermandad. Además, suelen utilizar la simple y directa combinación de rojo y blanco, un juego de colores que los destaca del resto de bandas, algo que no se veía en tiempo en la escena y que la hace muy atractiva. “Todo cuenta para identificar a un grupo, nos gusta utilizar estos colores, además, cuando alguien vea una portada con esa combinación dirá al toque: Hey!, ¿no será un disco de los White Stripes? Pero tampoco voy a ir vestido como pollo sólo para llamar la atención.” (Jack White).

They Might Be Giants

Independientemente de todo esto, los White Stripes hacen música y de la buena, White Blood Cells (2001), su tercera placa, es un tour de 40 minutos por los meandros más inquietantes del rock y sus referentes country & blues, los White se mandan en 16 temas (que no llegan a cuatro minutos) con toda esa enérgica y refrescante histeria sólo con guitarra eléctrica y batería. ¿Ah, pero cómo?, ¿sin caja de pedales, bajo, capas de teclados, artilugios electrónicos y secciones sinfónicas? Nada de eso, esto es rock real, naturalmente bien tocado como un buen blues y desprovisto de poses y otros excesos que han hecho de Stained, Slipknot y Korn, los chicos malos del álbum de figuritas de la MTV. Al igual que Nirvana a inicios de la década pasada, los Stripes han aparecido junto a otros coetáneos como Strokes o Hives para dejar caer la espada de Damocles sobre los últimos vástagos del infame New Metal.

Por algo, el veterano y emblemático DJ John Peel dijo acerca de White Stripes, “Son una revelación, nada me ha impresionado así desde el punk, tal vez desde que escuché por primera vez a Jimi Hendrix “. Y es que Jack White destila maestría en el difícil arte de la guitarra, fanático del blues del delta del Mississippi, tiene entre sus héroes personales a Blind Willie McTell y Robert Johnson, a quienes llegó tras seguir las influencias de Bob Dylan. “No trato de abarcar todos los conocimientos en música, pero tengo esta impresión de que la gente conoce a los grupos de los 80´s pero no saben quién es Johnny Cash. Me jode mucho escuchar a algunos llamarse músicos, cuando no tienen la más mínima idea sobre la historia y procedencia de aquello en lo que se están metiendo”. Quizás eso hace que White Blood Cells suene como un álbum perdido de la invasión británica, con ciertos aires a Cream, Yardbirds o Black Sabbath. Pero eso no quiere decir que el disco sea una copia de estos grupos, estamos hablando de una relectura de las mismas referencias por un eximio guitarrista, que se extrañaba durante años en la unión americana, quien le da esa mística sesentera, pero con el ingrediente acelerado del punk, extraído de su fuente más confiable y primigenia, Stooges. La verdad es que para ser un dúo (literalmente hablando) suenan diez veces más originales y sus canciones llenan el aire mucho mejor que varias bandas americanas e inglesas.

Los Glóbulos Blancos Hacen Millones

Todo empezó cuando hace unos años Megan fue a chequear cómo ensayaba su “hermano” y le pidió seguirlo con la batería. Jack cuenta, “Cuando empezamos a ensayar su estilo me encantó, a pesar que nunca antes había tocado batería, tenía esa alegría y desprejuicio que poseen los niños cuando siguen una canción”. Megan suele lucir como una colegial pálida, malhumorada y distraída, pero cuando coge las baquetas y se sienta tras esa bestia indomable llamada batería, suelta una fiereza que te hace pensar en Keith Moon.

Tras sus dos primeros discos (The White Stripes y De Stijl), el par ha encontrado el equilibrio deseado para producir un álbum ruidoso pero pletórico de melodías e ideas. “Letras que no sean los típicos lamentos sobre chicas, carros o drogas” (JW). Cuando le preguntaron sobre la ausencia de otros instrumentos en sus canciones (un par de temas tienen piano), dijo, “No me gusta, me parece demasiado, hay algunas canciones que no necesitan batería o bajo; lo importante en el arte es saber cuándo parar, yo aún estoy aprendiendo. Si no te cuidas puedes ir sumándole cosas a tus canciones hasta tener 36 canales llenos, es aterrador!”. Y si bien White Blood Cells ha sido clasificado como punk blues, va más allá de eso, su desnudez de instrumentos muestra las raíces vivas del rock, una guitarra distorsionada al máximo volumen, que chilla como un gato furioso, la batería que sigue cual metrónomo la sucesión de riffs febriles, rápidos, aparentemente fuera de control o una acústica limpia, piano u órgano eléctrico clásicos que acompañan a letras sencillamente delirantes. “Mi cerebro izquierdo sabe que todo amor es temporal” (“Fell in Love With a Girl”).

Con “The Union Forever”, “Dead Leaves and the Dirty Ground”, “Fell in Love with a Girl” o “I´m Finding it Harder to be a Gentleman” se resume buena parte de los 35 años del garage, dejándote con ganas de escucharlo por 35 más. “Sólo me reí cuando escuché por primera vez “Fell in Love with a Girl” en la radio, junto a P.O.D. e Incubus, una mitad de mi cerebro me dijo, ¿qué estás haciendo?, ¿porque te estás metiendo en esto?, ¡no tiene sentido!, y la otra me dijo, no, esto es nuevo, esto va a cambiar las cosas, ahí están ustedes, Hives y Strokes, la revolución se va a dar, la música va a ser más real.” (JW)

“The Same Boy You’ve Always Known” crea una atmósfera emotivamente fuerte sólo con pequeños y simples círculos de órgano y guitarra, donde recuerdan a un Led Zeppelin tocando al ralentí, cuidando de sortear con estilo la repetición o el cliché en las letras: “Si es que hay algo bueno en mi / soy el único que lo sabe”. En White Blood Cells hay lugar para el country (“Hotel Yorba”), el minimalismo (“Little Room”), el folk (“Now Mary”), cierto aire a The Lively Ones (“I Think I Smell a Rat”) y a Black Sabbath (el instrumental “Aluminum”). Al final, Meg canta por primera vez en “This Protector”, donde Jack también demuestra sus habilidades en piano.

I Think I Smell A Rat

El olor de toda la parafernalia que acompaña al éxito no es algo muy agradable para White Stripes, ellos continúan tocando según el feeling del momento, en sus conciertos no hay lista de canciones, Jack empieza a tocar y Meg lo sigue, con el mechón en el rostro, el labio semi-mordido y mirando intensamente al vacío o a su guitarra; y si están a estadio lleno y las dos primeras líneas de “Fell in Love With a Girl” no suenan bien, pues dejan de tocarla y al tacho la gente que sólo fue por esa canción.

Tras la traumática experiencia del último MTV Music Awards (“Cuando llegamos, le dije a Meg, ojalá no nos anuncien, y apenas dije eso, vi la gran alfombra roja, la gente chillando y un idiota tras un micrófono gritando: The White Stripes!!! No entiendo cómo pueden gastar tanta plata en esas cosas”), han rechazado aparecer en una campaña publicitaria para Gap –un millón de dólares– para la cual ya firmaron Tricky, Duran Duran y Daft Punk. “Gap nos quería en un comercial pero le dijimos que no y todos nos empezaron a preguntar, ¿pero por qué no? Es como si alguien se ofreciera a regalarte plata y con negarte lo estuvieras insultando terriblemente, la noción que maneja la gente acerca de venderse parece haber cambiado con los años”. De vuelta en sus negocios, los White Stripes ya están trabajando en un nuevo disco, a llamarse tentativamente Elephant, con la mayor onda lo-fi posible y la producción del héroe del garage rock británico Billy Childish.

Aquellos que creían que el rock ya estaba en su estertores agónicos y que apariciones como éstas son flor de un día, prepárense para rumiar sus palabras, pues con White Stripes, éste vuelve a gozar de una brillante y remozada lozanía. Cuestionamiento, actitud y talento, eso es lo que este género necesita para surgir nuevamente; y todo eso le sobra a Jack White. A respirar tranquilos y que no se diga más, rock is back.

Y sin más ni más señoras y señores, les presento a The White Stripes.

Fuente: boyacaradio.com

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