Boyacá

 martes 09 de febrero de 2021

 

Periodistas en la escuela de la vida

Foto: Imagen en redes

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Crónica sobre Tunja y una franja de su periodismo activo

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Partiendo de la premisa de que el periodismo escrito es un género literario, es importante agregar que es un oficio que se desarrolla y crece por gusto, que difícilmente se hereda, que se aprende y se refina en la escuela de la vida y que hoy en día se convalida en facultades de Comunicación en algunas universidades.

La persona que siente la necesidad imperiosa de contar su percepción del mundo: de sus hechos, de la alegría de sus fiestas, el dolor de sus fracasos, el sudor de sus montañas, o de acontecimientos diarios, y que además dispone de tiempo para interpretar, para escribir y para difundir reiteradamente, sin importar si lo hace a través de un periódico, de un micrófono, de una red, o de otro medio habitual, es un periodista.

Los tiempos cambian y con él, las herramientas se modifican. Aparecen cada día nuevas formas de difundir para distintos públicos; nuevos referentes y nuevas circunstancias.

En los años setenta, en Tunja se aprendía a escribir en la casa, en la escuela, o en el colegio pero a ese arte se le daba forma de Noticia en un escritorio, con una ruidosa máquina, donde danzaban atropelladamente los dedos de cada mano, iniciando con los dos índices presionando pausadamente de tecla en tecla, pasando luego al uso de tres y cinco dedos en forma simultánea, para producir una primera copia colmada de palabras repisadas, al carecer de borradores mágicos para modificar los textos.

Se hacían noticias para prensa en una o dos “cuartillas”, cuyo nombre se daba a las páginas tamaño carta en una sola cara en espacios elegidos simulando una sala de redacción y esperando la venia del ocasional director del periódico para ver al día siguiente ese escrito en letras de molde y posteriormente plasmado en el papel.


También se escribían noticias para radio y se requerían al menos treinta para media hora. De los periodistas “viejos” en el oficio se aprendía a titular y a mejorar cada vez más la redacción en aras de presentar las noticias con precisión y claridad.

No podía faltar el diccionario de sinónimos y definiciones para evitar repeticiones. Entonces, los verbos se hacían presentes en la mente y existía la ayuda permanente en una franja de papel pegada estratégicamente en el escritorio. El periodista sabía que “realizar” podría sustituirse eventualmente por: hacer, ejecutar, desarrollar, efectuar, elaborar, confeccionar, componer, proceder, concluir, cumplir o crear; y un sustantivo como “personaje” tenía la posibilidad de ser reemplazado con palabras como protagonista, celebridad, dignatario, actor, figura, individuo, sujeto, intérprete, autor. Estas palabras rondaban en la mente del periodista así como lo hacían los número telefónicos fijos para cualquier contacto. No había entonces la mágica herramienta del internet ni el versátil equipo del computador.

Pocos periodistas tenían remuneración y laboraban tiempo completo. Otros de buena pluma, calidad y autoridad, escribían con bastante regularidad y constancia. El periodismo así ejercido era un manjar exquisito cuyo sabor se deleitaba con placer. No había entonces la presión de dividendos, cada quien tenía solucionada su subsistencia en profesiones y ocupaciones diversas. Hacer noticias era, más que un pasatiempo, la oportunidad de informar, de opinar, de precisar y de aterrizar a ocasionales gobernantes y dignatarios, con argumentos, con verdad y con la vocería tácita de la comunidad complaciente.

Se inventaron entonces talleres de periodismo para el desarrollo, en tertulias académicas con el SENA y la ESAP; se crearon las asociaciones filiales de la ACP, el CNP y la ACORD, que se sumaron a la ya existente Asociación Boyacense de Periodistas. Tunja fue escenario de un Congreso Nacional de Periodistas en cuya sesión solemne realizada en las instalaciones del Hotel Hunza, se entregó la Tarjeta Profesional No. 001 al entonces Presidente de Colombia Carlos Lleras Restrepo y a 1.000 periodistas más de todo el país. Fungía entonces como Presidente de la Asociación Colombiana de Periodistas Seccional Boyacá, Virgilio Numpaque Alvarez, el otrora coautor y Gerente de la Caja Popular Cooperativa y de Financiacoop.

En ese tiempo se aprendían en detalle cuatro actividades básicas que le permitían a un periodista crear su propio medio de comunicación: escribir, diagramar, vender publicidad y distribuír su producto. Así fue creciendo este oficio y surgió la necesidad de profesionalizarlo a través de una facultad. Entonces fue la Universidad de Boyacá, la encargada de crear el programa de pregrado en Comunicación Social. Quedó atrás el aprendizaje en la escuela de la vida, en los talleres de redacción y en los talleres gráficos e imprentas. Las herramientas de entonces se vienen sustituyendo con los avances de la tecnología y la ciencia. El periodismo de hoy es diferente al de ayer, pero los dos tienen en común el compromiso social con la verdad, con los valores éticos, con el respeto a los demás, con la sostenibilidad del planeta y con la supervivencia de la especie humana.

Fuente: Cecilia Salazar Martínez Boyacá Radio PRENSA

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