Opinión

 sábado 18 de marzo de 2017

 

No se vota a la amistad, se vota por política. Sobre Consejo Superior UPTC

Foto: Manuel Humberto Restrepo Dominguez.

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Manuel Humberto Restrepo Domínguez

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Doy una excusa inicial a mis colegas, porque no traigo un ensayo corto, que vendrá luego con un texto sobre los funcionarios que actuaron en la guerra como arpías del régimen.

Me quiero referir brevemente a la elección de representante al Consejo Superior y lo hago desde mi perspectiva de profesor que estuve al tanto de la Asamblea Profesoral, en el momento difícil y quizá de máxima vergüenza universitaria, ocurrido cuando el rector anterior reelegido fue conminado por el Consejo de Estado a abandonar el cargo y la administración (C. Académico y funcionarios de alto nivel), cerró la universidad para desmovilizar e impedir los avances organizativos y ocultar rápidamente las reales implicaciones del caos provocado. El Consejo Superior señalado de arrogante e ilegitimo, cuestionado por presuntas inhabilidades y componendas hizo lo suyo empeñado en demostrar que ellos mandan y que siendo cinco no necesitan siquiera rector para seguir mandando.

Después hubo algún dialogo, en medio de interlocutores cuestionados. La mesa tuvo dos partes, en un lado los profesores designados por la asamblea general (no por el sindicato) representando los intereses de profesores (con estudiantes, funcionarios y trabajadores); del otro lado la administración en cabeza del recién designado rector. El propósito urgente era impedir que la universidad cayera al vacío de sus crisis institucional, de legitimidad, de legalidad e inclusive moral a las que había sido conducida por el despotismo, la arbitrariedad y la repartición de privilegios por cercanías al poder.

Ahora comienza la nueva etapa con elecciones al Consejo Superior, que aunque no son la mejor garantía de democracia universitaria, pueden permitir cambiar a la mayor parte voceros y apostar por la reconstrucción ética. En primer lugar la recuperación ética, salir del autoritarismo y la indolencia. Para ello el profesorado tiene que optar entre dos candidatos, colegas ambos, con méritos y lunares los dos, con aciertos y desaciertos, de quienes no somos ni sus jueces ni sus verdugos. Lo que ha de definir el voto es la consideración de que esta es sencillamente una decisión política, que no renueva, ni modifica afectos, que no obedece a reglas de partido, ni a mandatos de ningún directorio. Es un voto de conciencia, de responsabilidad profesoral con el colectivo universitario y con cada quien como profesor/a. Quien gane podrá fortalecer las viejas y caducas estructuras del poder que manda y desmanda a la medida de sus intereses según sus apetencias en un gran botín compuesto por decenas de miles de millones para inversión y contratos, cientos de cargos y empleos y status social inclusive. Pero también podrá optar por quedarse solo, si la argumentación a si lo indica, y entender que su mayoría esta en la fuerza del profesorado para defender lo conquistado o hacer mayoría coyuntural cuando sus electores así se lo exijan, en casos como definir rector o construir la paz interna.

Los temas que vienen son eminentemente de debate academico-politico, no son normativos, ni se arreglan reformando articulos, ni incisos, ni por amistad o distancia con la administración. El debate por lo que viene para el Consejo Superior no se arregla con formalidades si no atendiendo la realidad de sus conflictos y ahí la administración es la convocada a ponerse del lado de su comunidad académica, jalonar la defensa de lo publico y luchar para devolverle la autonomía a la universidad y liberarla de desaciertos, clientelismos, adulaciones al poder y atendiendo el llamado de los suyos.

La reforma al estatuto profesoral, que cursa casi que en silencio, como se acostumbra de tiempo atrás con casi todo lo que debe ser publico (reforma administrativa, procesos electorales, inversiones, acuerdo de posgrados, otros) parece no referirse a los profesores y profesoras concretos de esta universidad, no tiene en cuenta sus necesidades y demandas, es abstracta, mide en horas y minutos el tiempo, no trata del saber, promueve formulas de vigilancia y control y premia o castiga con mas asignaturas, funciones y formas de sumisión. En este estatuto por ejemplo, no esta para nada en juego la amistad o la cercanía a la administración, están en juego derechos, estabilidad laboral y garantías para pensar por cuenta propia y ser enteramente libres de hacer mandados o ser mandaderos.

El representante profesoral no puede vender la idea de ser solo el buen amigo, ha de estar del lado de los derechos y reivindicaciones, de la verdad, ser honesto, franco, discutir con argumentos, su elección es política y su conducta tambien, para defender de manera irrestricta a una comunidad que al menor descuido podrá transitar hacia su extinción. Lamentable que no haya habido espacio para el debate publico con los candidatos, para oírlos, mirarlos a los ojos y hacerles preguntas por la ética y la política, para completar entre todos un buen programa de responsabilidades hacia la defensa de los derechos del profesorado y de la universidad como un bien publico, no como campo de negocios. Firme en su independencia y disposición a ser revocado cuando obre mal.

A pesar de los faltantes, esta elección no es solo de tramite, de ir a votar, es una eleccion de tipo político y altamente significativa, en un buen momento para apostar por la confluencia, por la unidad de lucha comun, sobreponiendose a distanciamientos o acercamientos personales, pero además es un buen momento para dar un paso en colectivo que fortalezca el papel de la asamblea profesoral como el eje sustancial de la reconstrucción democrática y ética de la universidad, sin amiguismos, ni favores que después se cobran y rompiendo la lógica del estar conmigo o contra mi.

Muy a pesar de los lunares que cada quien pueda encontrar para distanciar, el llamado es a actuar políticamente, dejando a un lado a la persona misma del candidato y empezar a rediseñar una ruta de lucha universitaria en defensa de la universidad publica, de respeto a la comunidad académica y científica y de forjar gobiernos que estén del mismo lado de sus electores y que sepan tomar distancia de clientelas y poderes ajenos que poco aportan a dignificar la vida universitaria.

Votaré por Francisco Burbano Vásquez, Presidente de ASPU y Coordinador del equipo de Reivindicación de derechos profesorales, designado por la Asamblea General de Profesores/as en mayo de 2015, para ir a la Mesa testamentaria. Negociador del Pliego profesoral de peticiones 2017.

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Fuente: BOYACARADIO.COM

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